El mandamiento principal para Leonid Prokhorov consiste en una palabra: viajar.
El hombre, quien reside en Rusia, relató que “empecé a viajar en los años 60, pero entonces mis viajes eran por todo el país: Kamchatka, Sajalín, Vladivostok, los Urales, Siberia”, cuenta. “El sueldo de mecánico me bastaba, además trabajaba a media jornada y ahorraba. Todavía me ayuda el hecho de que no soy exigente con la comida: en lugar de gastar dinero en comestibles, ¡compro un billete a países lejanos!”.
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Le robaron una rareza
En una ocasión, entre sus primeros viajes, se cosió una mochila. Viajó con ella hasta hace poco, pero se la robaron mientras estaba en Filipinas.
“¿Quizás una vieja mochila con parches por todas partes les parecía exótica a los lugareños?”, se pregunta Prokhorov. “Pero espero que haya ido a parar a buenas personas y les sea útil”.
El “anciano errante Prokhorov”, como le llaman sus compañeros de viaje, ha recorrido medio mundo a lo largo de los años. Y, sin embargo, lo que más le gusta es África. “Te dan ganas de volver aquí”, dice.
Turista inquieto
Prokhorov viajó a Sudáfrica con sus conocidos.
“Tenemos una tradición: los viajeros alquilan una casa; todos aportamos para el alojamiento. Este tipo de alojamiento se llama ‘Una casa para todos’”, explica Leonid Kuzmich.
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En un viaje reciente, se alojaron en Windhoek, la capital de Namibia. Prokhorov vivió allí unos días y... terminó aburrido. Decidió irse unos días al mar, a la ciudad de Swakopmund.
Tarde en la noche, en la “Casa”, sonó una llamada telefónica. Era la policía de Swakopmund: “Este señor mayor ha decidido pasar la noche en la playa de nuestra ciudad. No podemos dejarle allí solo. Por la noche hay ladrones en la playa y seguro que le robarían. Así que lo llevaremos a la comisaría y pasará la noche con nosotros”.
“Así fue como conocí la actitud servicial de la policía”, sonríe Prokhorov. “Normalmente me multaban, ponía la tienda en el lugar equivocado o me enviaban a la cárcel por pérdida de documentos, como ocurrió en Uganda”.
Por cierto, hubo otra curiosidad: a Kuzmich no le dejaron subir a un avión de Dubái a Colombo, alegando que, a su edad, ¡no se puede volar en avión sin un certificado médico! El consulado ayudó a resolver la situación.
El minimalismo ayuda
“No como mucho y así es como he sobrevivido hasta esta edad. No tomo ninguna pastilla. No llevo espejuelos, ¡solo gafas de sol!”. Prokhorov se despidió. “¡Quiero cumplir mis 95 y mis 100 años viajando! ¡Tengo la fuerza!”.